Ajustó
dos medas a un caballete de madera provisto de un gorrón (extremo
rebajado de una madera o eje, que entra en un hueco de otro), puso una
especie de manillar y agregó un asiento. Carlos Federico Drais
(1785-1851), que así se llamaba el agrimensor alemán, fue visto por las
calles de Mannheim montado sobre su nueva máquina, la draisiana, a la
cual hacía correr con fuertes enviones dados alternativamente por cada
pie. Pero tampoco, ladraisiana fue tomada en serio. Los peatones se desternillaban de risa al ver semejante cabalgadura.Anuncio 1
martes, 14 de febrero de 2017
Veinte años más tarde, un agrimensor alemán intentó perfeccionar la máquina de Sivrac.
Ajustó
dos medas a un caballete de madera provisto de un gorrón (extremo
rebajado de una madera o eje, que entra en un hueco de otro), puso una
especie de manillar y agregó un asiento. Carlos Federico Drais
(1785-1851), que así se llamaba el agrimensor alemán, fue visto por las
calles de Mannheim montado sobre su nueva máquina, la draisiana, a la
cual hacía correr con fuertes enviones dados alternativamente por cada
pie. Pero tampoco, ladraisiana fue tomada en serio. Los peatones se desternillaban de risa al ver semejante cabalgadura.
Ajustó
dos medas a un caballete de madera provisto de un gorrón (extremo
rebajado de una madera o eje, que entra en un hueco de otro), puso una
especie de manillar y agregó un asiento. Carlos Federico Drais
(1785-1851), que así se llamaba el agrimensor alemán, fue visto por las
calles de Mannheim montado sobre su nueva máquina, la draisiana, a la
cual hacía correr con fuertes enviones dados alternativamente por cada
pie. Pero tampoco, ladraisiana fue tomada en serio. Los peatones se desternillaban de risa al ver semejante cabalgadura.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario